Xoloitzcuintle: de perro guardián de los aztecas a joya de México

Xoloitzcuintle aztecas

En el México actual es posible encontrar distintos tipos de perros, pero de todo ese universo canino, el Chihuahueño y el Xoloitzcuintle son las únicas dos razas 100% mexicanas, y de ellas, el Xoloitzcuintle se destaca por ser una de las más antiguas y enigmáticas. En diversas culturas prehispánicas, este pequeño animal no solo era  un compañero de vida sino también, un guía en la muerte. 

Según la cosmovisión mexica, esta especie es la encarnación de Xólotl, el dios con cabeza de perro que acompañaba a los muertos al inframundo, o su ayudante. Por ello, para identificarlo, los aztecas combinaron dos palabras: “xólotl”, atribuida a extraño o servidor, e “itzcuintli”, que significa perro.  

xoloitzcuintle leyenda

 

Se estima que existe desde hace 7,000 años, pero su origen aún es impreciso. Para algunos, esta raza de perros primitivos, caracterizada por su lealtad, buen temperamento y compañerismo, fue introducida desde Asia hasta América, otros piensan que llegó a Centroamérica procedente de África. Puede tener pelo o no y ser estándar, intermedio o miniatura. 

El Xoloitzcuintle: Simbolismo y extinción 

En el México prehispánico, pequeñas representaciones del Xoloitzcuintle echas en barro formaban parte de las ofrendas que acompañaban a los difuntos en sus tumbas. Incluso, cuando se trataba de algún noble, el perro era sacrificado y enterrado con él para resguardar su camino a la eternidad. 

Además, por considerarlo sagrado, se utilizaba en distintos rituales. Su carne a veces era consumida por quienes deseaban elevarse espiritualmente y cuando había mucha sequía, se ofrendaban al Dios de la Lluvia. Su cuerpo también era ofrecido a Xólotl para solventar las dificultades económicas y atraer la abundancia.  

Durante la colonización, el Xoloitzcuintle casi se extingue, porque comenzó a usarse como fuente común de alimento, además, intentaron hacerlo desaparecer para acabar con las tradiciones religiosas asociadas a él, pero gracias a su instinto, el animal se refugió en algunas zonas de Oaxaca y Guerrero y sobrevivió. Desde 1940, la Federación Canófila Mexicana ha intervenido para proteger a la raza. 

Inspiración para el arte 

Las primeras muestras artísticas sobre este particular can sagrado fueron las vasijas de uso funerario que se encontraron en el occidente mexicano, pero después de la revolución mexicana, importantes creadores adoptan al perro sin pelo como símbolo nacional y lo incluyen en varias de sus obras.  

Debido a esa noble iniciativa, su imagen quedó plasmada en los murales del Palacio Nacional, la Secretaría de Educación Pública, el desaparecido Hotel del Prado y el Castillo de Chapultelec, que fueron realizados por Diego Rivera y Juan O’Gorman, respectivamente.          

El Xoloitzcuintle también protagoniza varios lienzos de Frida Kahlo, quien además tuvo a su cargo varios ejemplares, Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Raúl Anguiano. Asimismo, el espíritu de este milenario perro guardián resurge en piezas de los escultores Sergio Peraza, Andrés Medina y Carol Miler.   

El Olmedo: hogar del Xoloitzcuintle 

El Museo Dolores Olmedo, al sur de la Ciudad de México, en Xochimilco, es el mejor lugar para conocer mejor a esta raza exótica, que fue reconocida como patrimonio mexicano por su valor histórico, ancestral y endémico, y que mundialmente goza de gran admiración. 

Conocido antiguamente como la Hacienda La Noria, en los jardines de este recinto, que perteneció a la coleccionista de arte Dolores Olmedo, podrás interactuar de manera directa con una manada de 13 perros xoloitzcuintles y, dentro de sus instalaciones, descubrirás más sobre su pasado histórico, mediante una colección de piezas de arte alusivas a él. 

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